Nombre del autor:Mayra Museri

¿Viajar cómodo en el asiento de atrás o llegar a destino?

Vamos al club en el auto más apretados que de costumbre. Es que mis hijos invitaron a un amigo, así que, donde viajaban tres, ahora viajan cuatro. Todos se quejan de que van apretados, que mi hermano está apoyado en mi brazo, que mi hermana me molesta. Cansada de los gritos, me di vuelta y les pregunté: ¿Les gusta invitar amigos a pasar el día con nosotros?Obviamente, todos respondieron que sí. Entonces les volví a preguntar: ¿Qué tan dispuestos están a incomodarse para que eso pase? Nadie respondió, pero tampoco nadie volvió a quejarse. Claramente, viajar un rato incómodos valía la pena para pasar un día divertidísimo con amigos. Así que ahora te pregunto a vos, cuando te planteas una meta y te quejas de todo lo que tenés que hacer para alcanzarla, ¿qué tan dispuest@ estás a incomodarte para alcanzar tus sueños? ¿qué estás dispuest@ a arriesgar para vivir la vida que querés vivir?? Viajar cómod@ en el asiento de atrás no siempre te llevará a donde realmente quierés llegar … Mayra S. MuseriCoach Ontológico+5491166027730Instagram: @mayramuseri_coach

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Me lo hubieran dicho antes!

Conversaba con mi hija sobre una situación que había vivido en la escuela y sobre el aprendizaje que esta situación le dejaba. —Gracias, mami, por esto que me ayudaste a ver! Pero, la próxima vez, ¿me lo podés decir antes?— Le dije: es imposible que te lo diga antes, porque antes no te habías enfrentado nunca a lo que te enfrentas hoy! Y la verdad es, que estamos acostumbrados a estudiar la teoría de un libro y después responder las preguntas, pero en la vida las cosas no funcionan así. En la vida se nos presentan constantemente distintos desafíos y es ahí, en el medio del “barro”, donde debemos aprender a enfrentarlos. En la vida, a diferencia de la escuela, nos enfrentamos a la prueba primero y solo aprendemos después … Mayra S. MuseriCoach OntológicoContacto: +5491166027730Instagram: @mayramuseri_coach

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¿Es Suficiente con Desear que las Cosas Pasen?

Hace tiempo vengo escuchando frases como “esperemos que no pase”, “esperemos que todo cambie”, “esperemos tener un buen año”, “esperemos que todo termine”. Suena como si “esperemos” fuera una palabra mágica, o como cuando soplamos las velitas y pedimos un deseo y “esperamos que se cumpla”. O como cuando tiramos una moneda al aire y esperamos que salga cara, pero también podría salir seca. ¿Saben qué? Hoy no voy a preparar la cena. Voy a pararme a mirar la heladera y voy a esperar a que se prepare sola… Suena ridículo, ¿no? Entonces, ¿por qué seguimos esperando a que las cosas pasen solas? ¿Qué puedo hacer yo para que pase lo que quiero que pase? Queda claro que con sentarme a esperar y nada más es difícil que logre lo que me propongo Y ni hablar si sigo haciendo lo mismo que venía haciendo con la ilusión de que esta vez el resultado sea diferente, así, como por arte de magia. Quiero proponerte algo… ¿Qué tal si en vez de sentarte como espectador del mundo a esperar que las cosas cambien solas, asumís el rol de protagonista de tu vida y haces algo para lograr lo que querés? Hay una frase de Gandhi que me encanta que dice: “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”. Somos nosotros los que debemos generar el cambio. Las cosas no pasan solas y mucho menos si seguimos haciendo lo mismo de siempre y “esperamos lograr algo diferente”. No vinimos al mundo a esperar a que las cosas pasen, vinimos al mundo a hacer que pasen. Solo es cuestión de animarse! Autora: Mayra S. MuseriCoach OntológicoContacto: +5491177306602

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¿Juntar figuritas o llenar el álbum?

➡ El otro día tuve la oportunidad de ver a mi hijo cambiando figuritas. Había muchísimos chicos y algunas figuritas bastante codiciadas. En eso lo escucho gritar “¡Dos por uno!”. Y todos los que estaban intercambiando figuras entre sí se le acercaron y se las cambiaron a él. Lo primero que pensé fue: “¿Qué está haciendo? ¡No le conviene! ¡Les está dando 2 figuritas y recibe solo 1!” Hasta que escuché: “Mirá, mamá. ¡Casi lleno el álbum!” Parece que sí le convenía, ¿no? Mi hijo apostó a él. Apostó a que sí puede llenar el álbum. Aparentemente apostó el doble de lo que recibía, pero lo que él realmente quería no era acumular figuritas para nada. Él quería llenar el álbum. Vivimos acumulando cosas sin sentido. Ropa que no usamos, dinero por las dudas, comida por si mañana se acaba. Y en ese “por las dudas” nos perdemos de disfrutar hoy. Tenemos los bolsillos bien llenos de figuritas repetidas, pero nos perdemos de vivir con el álbum lleno de experiencias. ¡Y cómo nos quejamos de las figuritas que nos faltan! ? Te propongo soltar. Suelta lo que no te sirve. Dejá de aferrarte a fórmulas repetidas que no te llevan a ningún lado y abrí las manos para recibir todo lo bueno que la vida tiene para vos. Nunca vas a llenar el álbum acumulando figuritas repetidas. Mayra Museri Coach Ontológico

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¡TODOS SOMOS SUPERHÉROES!

Mis hijos me dicen constantemente que les encantaría tener súper poderes. Les encantaría volar, hacer aparecer y desaparecer cosas con solo mirarlas, y muchas cosas más. ¡Eso es imposible! —Les digo todo el tiempo—. Somos seres humanos y no podemos hacer esas cosas. Y ahora que me pongo a ?pensar, me pregunto: ¿De verdad no podemos? ¿De verdad no tenemos súper poderes?  Podemos VOLAR con la imaginación a cualquier parte sin hacer ningún esfuerzo… Podemos hacer aparecer una sonrisa en la cara de otra persona con solo una palabra…Podemos hacer desaparecer la tristeza y el dolor de otro con un abrazo… Podemos desaparecer y camuflarnos con las personas que nos rodean cuando no queremos que nos vean… Podemos volver a aparecer de la nada cuando tenemos mucho para decir y queremos que nos escuchen… Podemos transformar una casa en un hogar, el pasto en jardín, el trigo en comida, el miedo en coraje, un problema en aprendizaje…Ya sea cantando, escribiendo o dibujando, cocinando, bailando o incluso hablando… cada uno de nosotros tenemos un súper poder único que H’, Dios, nos dio para hacer el bien y cambiarles la vida a las personas. Todos somos superhéroes. El problema es que la mayoría aún no lo sabe… Mayra S. Museri Coach Ontológico¡Súmate a nuestro curso y descubrí tu super poder singular! ? https://coachingkosher.com/producto/el-secreto-del-exito/

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¿Por qué nos cuesta tanto perdonarnos?…

…Porque nos ponemos la vara muy alta. Porque no aceptamos nuestros errores. Porque nuestro ego nos dice que si somos personas buenas y exitosas, equivocarnos nos lleva al fracaso, entonces escondemos las equivocaciones debajo de la alfombra. Porque queremos mantener esa imagen de buenos y exitosos ante los demás, pero cuando estamos a solas nos damos con todo. ¿Qué Podés hacer, entonces, para perdonarte? Asúmete como humano e imperfecto. Asumí que cometer errores es parte de tu naturaleza. Acepta que los errores son solo tropiezos que te permiten aprender. Dejá de intentar agradarle a todo el mundo. Abrázate y háblate con compasión. Ya pediste perdón, ya perdonaste a quienes te lastimaron. Ahora es momento de perdonarte vos. Mayra Museri Coach Ontológico

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¿Qué Habrá Detrás de la Máscara?

Estábamos con mi nena más chiquita jugando en el sillón. Uno de esos momentos del día en que la acelerada máquina del tiempo cotidiana parece detenerse por un instante que huele a eternidad. Salió corriendo a su habitación. La perdí de vista unos instantes, hasta que emergió de repente de  la marea de juguetes y disfraces con una máscara de monstruo bastante escalofriante. A pesar de lo fea que era la máscara, ¡se veía tan tierna con su pijama y sus rulos que asomaban por encima!¡GRRRRRRRR! —gritó con las dos manitos levantadas, como queriendo asustarme.¡Ay, sos tan linda! —le dije emocionada.¡GRRRRRRRRRRRR! —insistió.¡Te quiero comer a besos! ¡No, mamá! —se quejó frustrada—. ¡Asústate! ¿Cómo me voy a asustar de vos?  —respondí mientras miraba sus ojitos tiernos que se escondían detrás de la fachada tan fría— ¿Cómo voy a tenerte miedo, si puedo ver tu alma tan pura a través de esa mirada profunda y transparente como el cristal?No podía despegar mi mirada de la suya. Estaba como embelesada. Su pureza me envolvía y me era imposible mirar para otro lado.  De pronto, vinieron a mi mente un par de recuerdos, y todo ese romanticismo se esfumó, casi como en la propaganda de una conocida bebida tónica. Y es que recordé que, en varias ocasiones, por el motivo que fuera, distintas personas me habían mostrado los dientes escondidos tras una máscara de furia, o simplemente me habían mostrado un disfraz que no me agradaba demasiado, y yo no había tenido siquiera la mínima intención de ver qué había detrás de lo que mostraban… Por el contrario, casi instantáneamente los había juzgado de monstruos y había sentenciado como incorrecto su modo de actuar. No me había preguntado a dónde conducían las ventanas de sus ojos. En realidad, probablemente no los había mirado detenidamente a los ojos… En el transcurso de nuestra vida, nos vamos encontrando con personas que insisten en ahuyentarnos y espantarnos, y nos muestran todo tipo de máscaras y disfraces. ¿Alguna vez nos preguntamos qué es lo que esconden? ¿Llegamos a percibir que probablemente haya adentro un alma herida, que intenta manifestarse como puede? ¿O preferimos tildarlos de fieras salvajes, simplemente porque no actúan de acuerdo con lo que nosotros pensamos que es correcto y no piensan como se nos ocurre que deberían de pensar?  Todo el tiempo nos vamos encontrando con armaduras y caretas, que nos generan desagrado, miedo, enojo… ¡Y que nosotros también las usamos muchas veces! Pero es nuestra, y nada más que nuestra, la elección de vivir como si estuviéramos en una fiesta de disfraces, conscientes de que lo que vemos es un simple disfraz, o vivir en una película de terror, donde el hombre de la máscara solo quiere asustarnos y dañarnos… Mayra S. Museri Coach Ontológico Profesional

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El Sabor de la Libertad

Y un día te das cuenta… de que las limitaciones con las que intentas justificar tu pasividad eran, en gran parte, producto de tu frondosa imaginación…De que los guardias de la prisión en que vivías sin darte cuenta eran, ni más ni menos, que tus propios pensamientos… De que salías de la esclavitud pero volvías a entrar porque no soportabas la incomodidad del desierto…De que tus alas son muy grandes, pero siempre volaste bajo por temor a caerte y golpearte fuerte…Pero también te das cuenta…de que si D-s te dio alas enormes, para algo deben servir y de que te ves mucho mejor cuando las desplegas totalmente…Y te das cuenta de que el mundo brilla mucho más cuando decidís compartir tu luz con los demás…Y de que si pedís permiso para despegar, siempre va a haber alguien que intente evitar tu vuelo.Y te das cuenta de que es mucho más fácil perdonarse un error, que soportar el sabor amargo de no haberlo intentado!Y comprendes que, cuando volás alto, las opiniones de los demás, bienintencionadas o no, ya no pueden herirte, pero sí te llevas con vos tus pensamientos, te conviene elegir los que no te pesen ni dificulten tu vuelo…Y ese día dejás de dudar y salis a volar.Y experimentas, por fin, el verdadero sabor de la libertad. Mayra S. MuseriCoach Ontológico

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El paraguas que sostenemos

Amo caminar bajo la lluvia en verano. La frescura de las gotas que se deslizan por el paraguas y se las arreglan para colarse entre mis pensamientos. El viento sopla con fuerza y, mientras sostengo el paraguas con las dos manos para que no se vuele, pienso en las creencias que también sostengo con ambas manos y no quiero soltar. Creencias que tal vez alguna vez me habrán protegido de alguna tormenta pero que hoy, lejos de evitarme un sufrimiento, me limitan y no me permiten avanzar.Frases como “no soy buena para esto”, “mejor ni lo intento”, “qué van a decir los demás”, “las buenas madres no hacen ese tipo de cosas”, “yo soy así y no voy a cambiar” y varias más… van haciéndose parte de mi paraguas y no me dejan ver el sol. Me protegen de un resfrío, pero no me permiten disfrutar de la experiencia de mojarme bajo la lluvia.Me protegen de la frustración que sentiría si las cosas no salieran como espero, pero no me permiten disfrutar del proceso y aprender de mis errores.Como si mojarse estuviera mal. Como si equivocarse estuviera mal…Como si mojarme significara que nunca voy a secarme. Como si caerme significara que nunca voy a levantarme…Como si la tormenta durara para siempre. Como si las cosas nunca fueran a cambiar…Y el problema es justamente ese… el paraguas se hizo tan parte de mí que sigo sosteniéndolo aunque no llueva. Incluso muchas veces sostengo un paraguas que ni siquiera es mío… Que quizás alguna vez evitó que alguien se empapara pero no puede protegerme a mí de mis propias lluvias… y mucho menos si la tormenta está adentro mío y no ahí afuera. ¿Qué tal si cerramos el paraguas y permitimos que el agua nos alcance? ¿Qué tal si soltamos las creencias y los pensamientos que nos aprisionan, y nos animamos a vivir más intensamente?¿Qué tal si soplamos fuerte como el viento y despejamos las nubes tormentosas que tenemos en nuestra cabeza? ¿Te animás? Te acompaño… Mayra S. Museri Coach Ontológico

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La mochila que cargamos

“Cuando somos chiquitos, sabemos cuál es nuestra misión en el mundo. Pero después los grandes nos enseñan y, como tenemos que hacerles caso, nos olvidamos de nuestra esencia”. Esta frase me la dijo mi hijo durante una de nuestras tantas charlas profundas. ¡Los chicos son tan sabios! Hasta que los adultos los cargamos con nuestras propias expectativas y nuestro manual “frustra sueños”. ¡Pero te tengo una buena noticia! Nosotros también fuimos niños y eso quiere decir que alguna vez también la tuvimos igual de clara. Así que, cuando te sientas perdid@ y no encuentres el rumbo, tal vez la mejor brújula sea escuchar al niño que una vez fuiste. Esa versión tuya en estado a puro, antes de que empezaras a cargar con la mochila de alguien más. Y cuando dejes de cargar con esa mochila, probablemente dejes de intentar que tus hijos o cualquier otra persona la cargue por vos.

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Los dientes que dejamos caer

Charlaba con mi hija de 7 años sobre la caída de los dientes, algo que en un momento la tenía muy molesta. Hablábamos de que es cierto que, cuando los dientes se aflojan, molestan bastante. Después se caen y vuelven a crecer. Pero el diente que crece no es el mismo diente sino otro, que es más fuerte y más grande, y dura mucho más. Ella asintió con la cabeza y se fue a jugar, pero yo me quedé pensando en esto de aceptar que un diente se cae porque después va a crecer otro diente más fuerte. Y surgieron en mi mente algunas preguntas: ¿siempre aceptamos las pérdidas de esta manera? ¿Siempre soltamos con tanta facilidad lo que dejamos atrás, con la convicción de que lo que va a venir será mucho mejor? Muchas veces nos aferramos con fuerza a situaciones, personas, trabajos y creencias que nos limitan, por miedo a lo que va a venir. Cargamos con mochilas innecesarias y muy pesadas, y de a poco nos vamos encorvando. Tanto, que nos resulta muy difícil poder mirar hacia adelante. Permanecer en esa zona de confort nos brinda seguridad, pero nos mantiene prisioneros. Desde esa prisión que nosotros nos creamos, vemos como inalcanzable la realidad que soñamos vivir. Y ahí es cuando empezamos a sentir la “incomodidad de la zona de confort”. Es como si empezara a crecer un diente nuevo sin que se caiga el diente de leche. Cuando el diente se cae, duele, pero duele mucho más si no se cae cuando ya no cumple ninguna función. ¿Qué pasa si abrimos las manos? ¿Qué pasa si soltamos y dejamos ir? Las pérdidas duelen, es verdad. Lo que dejamos atrás cuando avanzamos probablemente no vuelva, o no de la misma manera. Pero si seguimos aferrándonos a algo que ya no nos hace felices, ¿con qué manos vamos a tomar las nuevas oportunidades? Si sentís estancando en el mismo lugar y no estás pudiendo avanzar, te propongo que pienses: ¿cuáles son los dientes que no dejas ir?

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Qué pasa cuando nos etiquetamos

Lunes a la noche. Estoy en medio de un caos doméstico. Miro la pileta de la cocina. Todavía están los platos del almuerzo, que tengo que lavar sí o sí para usarlos para la cena. En automático, como en una especie de transe, agarro la esponja y la botella amarilla que tengo al lado. Hecho el líquido sobre la esponja. Sale demasiado líquido. Y es ahí cuando salgo del automático y grito: ¡No! ¡Esto es aceite! Acababa de generar un desastre peor que el que ya había. La botella era similar, el color del líquido era similar. Pero claramente, el contenido era otro. Y yo no me di cuenta hasta que salí del automático. ¿Para qué te cuento esto? Mientras lavaba los platos entendí que esto es exactamente lo que nos pasa cuando nos auto-etiquetamos. Cierta vez nos propusimos una meta. Intentamos varias veces y salió todo mal (o por lo menos, no salió como esperábamos) y a partir de ahí nos pusimos una etiqueta del tipo: “No sirvo para pintar”, “Soy pésimo cocinando”, “Los deportes no son lo mío”, para terminar dictaminando que “No soy bueno para nada”. Así como nuestro cerebro generalizó que todas las botellas con líquido amarillo son detergente, también generalizó que, como muchas cosas me salieron mal varias veces, “nunca nada me va a salir bien”. ¿La buena noticia? Cuando salís del automático, podes cambiar la etiqueta por otra que te siente mejor. Podés decirle a tu cerebro: “En esta botella suele haber detergente, pero ahora hay otra cosa”. Podés decirle a tu cerebro: “Lo intenté muchas veces y salió mal, pero sé que puedo hacerlo mejor”. Salí del automático. Cambiá el NO PUEDO por YO PUEDO y dejá de lavar los platos con aceite.

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